A Antonio Navalón, de un Millennial

A Antonio Navalón, de un Millennial

Publica usted hoy en El País un artículo de los que se queda uno a gusto después de escribirlos. Le imagino reclinándose en su silla tras terminarlo, con un resoplido de alivio tras haber desahogado su frustración con esta generación, la mía, de irresponsables, incívicos, sordos y carentes de futuro. No me cabe duda de que le quita el sueño por las noches el pensar en nuestra grave situación, incapaces de alcanzar los éxitos que su generación, que hoy gobierna, nos deja a nosotros y a la historia. Qué harán estos inútiles, pensará usted, perdidos en Twitter y en Instagram, incapaces de procurarse nada por sí mismos y que, para colmo, votan de vez en cuando y su voto atolondrado vale lo mismo que el mío.

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España o la política en blanco y negro

España o la política en blanco y negro

El día que me vociferaron que había acudido a un pleno de la Delegación de Estudiantes de la Facultad de Políticas “a jugar a la democracia”, sólo porque intentaba explicar que cumplir las normas ­–en aquel caso, el Reglamento de la propia Delegación, que estaba siendo flagrantemente incumplido sin que a nadie más que a mi le importara– era la única forma de garantizar precisamente eso, la democracia, me di cuenta de que en nuestro país hacer política es luchar contra los elementos. Naturalmente, la reflexión es de mucho tiempo después, probablemente porque el aullido, que vino precedido de un cariñoso epíteto, es de las cosas más bonitas que me han dicho en la Facultad y no lo he olvidado desde entonces –eso, y que mis amigos me lo recuerdan gentilmente a la menor oportunidad, habida cuenta del juego que da la frase en cualquier conversación política­–. Continúa leyendo “España o la política en blanco y negro”