A Antonio Navalón, de un Millennial

A Antonio Navalón, de un Millennial

Publica usted hoy en El País un artículo de los que se queda uno a gusto después de escribirlos. Le imagino reclinándose en su silla tras terminarlo, con un resoplido de alivio tras haber desahogado su frustración con esta generación, la mía, de irresponsables, incívicos, sordos y carentes de futuro. No me cabe duda de que le quita el sueño por las noches el pensar en nuestra grave situación, incapaces de alcanzar los éxitos que su generación, que hoy gobierna, nos deja a nosotros y a la historia. Qué harán estos inútiles, pensará usted, perdidos en Twitter y en Instagram, incapaces de procurarse nada por sí mismos y que, para colmo, votan de vez en cuando y su voto atolondrado vale lo mismo que el mío.

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Podemos, primer acto: cuarenta días de desengaño

Podemos, primer acto: cuarenta días de desengaño

Levantar expectativas es tremendamente peligroso cuando no se saben gestionar. Grandes mensajes, aventuradas propuestas y, especialmente, la creación de ilusiones alrededor de un proyecto político pueden costar demasiado caro si se fracasa en su gestión. Es muy difícil controlar emociones y por eso emplearlas es una apuesta arriesgada. Por eso existen técnicas discursivas y de comunicación para, precisamente, rebajar expectativas y tratar de controlar determinados torrentes de entusiasmo. Por ejemplo, la última vez que se le fue de las manos al señor Presidente, directamente se acercó al corrillo de periodistas más cercano a soltar, literalmente, “rebajen sus expectativas”. Un poco burdo, pero esa es la idea. Lástima que sólo se haya leído el título del epígrafe del manual, y no haya entrado a ver las técnicas. Supongo que, comparado con el Marca, era demasiado denso. Continúa leyendo “Podemos, primer acto: cuarenta días de desengaño”