No, aún no ha acabado

No, aún no ha acabado

«Los partidos políticos despersonalizan, son una gran trampa, no te puedes someter a una serie de imperativos y consignas». «El mundo de la democracia representativa está acabando». «Los partidos políticos están en crisis».

El miércoles de madrugada, Donald Trump y Hillary Clinton personalizaron buena parte de esas afirmaciones durante el último debate presidencial. Especialmente el candidato republicano, que como escribí hace unos días en inglés, ha desafiado todas las reglas de los partidos políticos para convertirse en la mayor amenaza para la democracia americana desde la Guerra de Secesión. Continúa leyendo “No, aún no ha acabado”

Podemos, primer acto: cuarenta días de desengaño

Podemos, primer acto: cuarenta días de desengaño

Levantar expectativas es tremendamente peligroso cuando no se saben gestionar. Grandes mensajes, aventuradas propuestas y, especialmente, la creación de ilusiones alrededor de un proyecto político pueden costar demasiado caro si se fracasa en su gestión. Es muy difícil controlar emociones y por eso emplearlas es una apuesta arriesgada. Por eso existen técnicas discursivas y de comunicación para, precisamente, rebajar expectativas y tratar de controlar determinados torrentes de entusiasmo. Por ejemplo, la última vez que se le fue de las manos al señor Presidente, directamente se acercó al corrillo de periodistas más cercano a soltar, literalmente, “rebajen sus expectativas”. Un poco burdo, pero esa es la idea. Lástima que sólo se haya leído el título del epígrafe del manual, y no haya entrado a ver las técnicas. Supongo que, comparado con el Marca, era demasiado denso. Continúa leyendo “Podemos, primer acto: cuarenta días de desengaño”

Os mataréis en la caída (II)

Os mataréis en la caída (II)

También lo dijo, pero tres cuartos de siglo antes que Butch Cassidy, el inefable doctor Watson a Sherlock Holmes, cuando éste le relató su fingida lucha contra el profesor Moriarty en las cataratas de Reichenbach. El detective de todos los tiempos se había precipitado por ellas junto a su antítesis en el fragor de la lucha final porque Sir Arthur Conan Doyle se había cansado de la fama mundial de su personaje. Pocos años después, el escritor cedió a la presión popular –y familiar: su madre publicó una carta en el Times en la que amenazaba con desheredarle si no resucitaba al inquilino del 221B de Baker Street– y comenzó de nuevo los relatos con «El Regreso de Sherlock Holmes», en la que los dos mayores amigos de la literatura moderna se reencontraban y la fatídica caída resultaba ser sólo una treta. Sir Arthur murió sin volver a matar a Sherlock, para fortuna de muchos. Continúa leyendo “Os mataréis en la caída (II)”