Un voto imposible

No quiero dejar para mañana un análisis de las elecciones europeas del domingo por dos razones. La primera, porque respeto la jornada de reflexión –pese a que no creo en su utilidad real– como elemento democrático de nuestro sistema. La segunda, mucho menos apreciable políticamente, es que no puedo prometer que mañana mantenga la templanza a la espera de que Cristiano resuelva la Décima en Lisboa, algo que va a suceder y provocará mi inmediata comparecencia en la fuente de Cibeles, cuya plaza, por cierto, no se llama como la diosa sino Cánovas del Castillo (todo encaja; eso sí es una conjunción astral).

Porque hace falta mucha templanza para pensar en el voto del domingo. Yo, concretamente, llevo tirándome de los pelos desde hace semanas ante la incertidumbre de qué meter en el sobre. A 48 horas, por fin tengo tomada una decisión. Continuar leyendo »