A Artur Mas

A Artur Mas

No estoy seguro de quién ha cambiado el estilo de escribir cartas, pero cuando yo entré en esto, y hace muy poco tiempo, se empezaba con una mínima fórmula de cortesía –estimado señor, querido Felipe, apreciados compatriotas… Depende del grado de cursilería del remitente–. No obstante, visto que las formas han pasado a ser lo de menos en este nuestro país (España, me refiero) y en esta nueva política de felicidad y flores, perdonémonos la cortesía esta vez.

Le escribo, por supuesto, en respuesta a su carta dirigida a mí. A mí y a otros 48 millones de personas, incluidos, por cierto, 7 millones y medio de catalanes, ya que el destinatario eran «los españoles», así que espero que haya recibido muchísimas más respuestas.

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