Cuarenta y cinco (II)

Cuarenta y cinco (II)

La gélida reunión de 20 minutos que mantuvieron ayer los dos condenados a entenderse sólo augura un proceso que ellos se han encargado en campaña de hacer difícil. Este escenario de fragmentación era previsible, y sin embargo PP y PSOE, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez (especialmente Sánchez) volaron concienzudamente todos los puentes que les podían unir. El Presidente en Funciones no pactará con agrado con quien le llamó indecente, y el secretario general del PSOE no puede investir al Presidente que envió el SMS que debió costarle el cargo. Continúa leyendo “Cuarenta y cinco (II)”

Cuarenta y cinco (I)

Cuarenta y cinco (I)

Cuando empecé la serie «Os mataréis en la caída» tras las elecciones municipales y autonómicas de mayo creí que estaba viviendo la mayor resaca electoral de mi vida. Estaba equivocado, por supuesto, y esta vez me ha tomado unas diecinueve horas asimilar –con más o menos éxito– toda la información, con el hándicap de haberme perdido buena parte de la jornada informativa en el cumplimiento de mis retribuidas funciones al servicio de la Administración Electoral. Continúa leyendo “Cuarenta y cinco (I)”

Al menos, habrá paz para las abuelas

Al menos, habrá paz para las abuelas

No quiero parecer monotemático, pero teniendo en cuenta que el próximo domingo se celebran las elecciones catalanas más importantes desde que hay elecciones catalanas, omitir el tema sería tan irresponsable como injusto. Irresponsable porque cualquiera que obviara lo que está sucediendo en Cataluña estaría faltando a la realidad política que vive España. Injusto porque pienso, honestamente, que ninguna sociedad merece lo que Artur Mas le está haciendo a la de Cataluña. Continúa leyendo “Al menos, habrá paz para las abuelas”

A Artur Mas

A Artur Mas

No estoy seguro de quién ha cambiado el estilo de escribir cartas, pero cuando yo entré en esto, y hace muy poco tiempo, se empezaba con una mínima fórmula de cortesía –estimado señor, querido Felipe, apreciados compatriotas… Depende del grado de cursilería del remitente–. No obstante, visto que las formas han pasado a ser lo de menos en este nuestro país (España, me refiero) y en esta nueva política de felicidad y flores, perdonémonos la cortesía esta vez.

Le escribo, por supuesto, en respuesta a su carta dirigida a mí. A mí y a otros 48 millones de personas, incluidos, por cierto, 7 millones y medio de catalanes, ya que el destinatario eran «los españoles», así que espero que haya recibido muchísimas más respuestas.

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¿Es por las elecciones?

¿Es por las elecciones?

Esa fue la pregunta que me hizo a bocajarro la funcionaria consular de la Embajada de España en Oslo cuando ayer entré en el edificio con un «Buenos días, soy ciudadano español» –un poco peliculero, reconozcámoslo–. Ése debe de ser el estado de nervios que impera en todas las Administraciones que tienen que hacer frente al tinglado electoral; por supuesto, no se refería a las generales que se esperan –señor Presidente mediante– para noviembre, sino a las catalanas del 27 de septiembre. Continúa leyendo “¿Es por las elecciones?”