A Antonio Navalón, de un Millennial

A Antonio Navalón, de un Millennial

Publica usted hoy en El País un artículo de los que se queda uno a gusto después de escribirlos. Le imagino reclinándose en su silla tras terminarlo, con un resoplido de alivio tras haber desahogado su frustración con esta generación, la mía, de irresponsables, incívicos, sordos y carentes de futuro. No me cabe duda de que le quita el sueño por las noches el pensar en nuestra grave situación, incapaces de alcanzar los éxitos que su generación, que hoy gobierna, nos deja a nosotros y a la historia. Qué harán estos inútiles, pensará usted, perdidos en Twitter y en Instagram, incapaces de procurarse nada por sí mismos y que, para colmo, votan de vez en cuando y su voto atolondrado vale lo mismo que el mío.

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De espaldas a todo

De espaldas a todo

La primera vez que tuve que entregar un trabajo de clase en la Universidad de Oslo, hace ya más de un año, el sistema informático me obligó a enfrentarme con un formulario de una sola página –creo que el único tipo de formulario que he rellenado en 18 meses– en el que se me pedía que consignara el título y autor (yo, era de esperar), así como la fecha de entrega. A continuación, un breve párrafo decia, más o menos, que yo, el abajo firmante, por la presente declaraba que el trabajo en cuestión había sido elaborado por el autor atendiendo escrupulosamente a las reglas académicas de citas, referencias y demás fuentes, con una referencia a la «cortesía académica»; y se me ofrecía incluso un espacio para, si procedía, consignar aquellas personas no citadas en el trabajo y que hubieran podido colaborar (compañeros, grupos de trabajo, etc.). Continúa leyendo “De espaldas a todo”

Carta abierta a Albert Rivera

Carta abierta a Albert Rivera

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Querido Albert,

Hace muchos años –en comparación con los que tengo– escribí por primera vez una carta abierta, copiando la idea que había visto en un periódico. La dirigí “al Congreso de los Diputados”, que por aquel entonces estaba presidido por José Bono. Tuve la suerte de que algún responsable de La Nueva España decidió que merecía la pena, y fue publicada en el periódico a los pocos días. Para mi sorpresa e ilusión –y para asombro, o no tanto, de mi madre–, unos meses después recibí en mi casa una resolución de la Comisión de Peticiones de la Cámara, en la que se me daba cuenta de que, recibida mi «solicitud», dicha Comisión había acordado «trasladar a los Excmos. Sres. Portavoces de los Grupos Parlamentarios» la petición «de que se tomen medidas para solucionar la crisis que atraviesa nuestro país al carecer de líderes políticos.».

Siempre me pareció una forma un poco pobre de resumir todo el sentimiento que yo le había puesto a mi carta, y muchas veces me he preguntado si realmente alguien trasladó a los Excelentísimos Señores mi desesperanzada súplica, o bien sólo esa línea y media entre otras muchas. En mi carta al Congreso de hace siete años escribí a Sus Señorías que «lo que este país necesita, y cada vez con más urgencia, son líderes: líderes que vuelvan a llevar a la política al lugar de privilegio que le corresponde», que «España necesita políticos que dejen de serlo para convertirse en líderes que nos devuelvan la esperanza que hemos perdido» y que «jamás olviden que ustedes son privilegiados por poder asistir al Congreso a representar a los miles, decenas o cientos de miles de personas que cada cuatro años depositan su confianza en un sobre con su papeleta». Ciertamente, no fui muy benevolente con ellos… En esa carta también les confesé que «les habla un estudiante de 16 años que quiere llegar a ser algún día uno de esos 350 privilegiados que pueden votar por el futuro de España». Continúa leyendo “Carta abierta a Albert Rivera”

Os mataréis en la caída (II)

Os mataréis en la caída (II)

También lo dijo, pero tres cuartos de siglo antes que Butch Cassidy, el inefable doctor Watson a Sherlock Holmes, cuando éste le relató su fingida lucha contra el profesor Moriarty en las cataratas de Reichenbach. El detective de todos los tiempos se había precipitado por ellas junto a su antítesis en el fragor de la lucha final porque Sir Arthur Conan Doyle se había cansado de la fama mundial de su personaje. Pocos años después, el escritor cedió a la presión popular –y familiar: su madre publicó una carta en el Times en la que amenazaba con desheredarle si no resucitaba al inquilino del 221B de Baker Street– y comenzó de nuevo los relatos con «El Regreso de Sherlock Holmes», en la que los dos mayores amigos de la literatura moderna se reencontraban y la fatídica caída resultaba ser sólo una treta. Sir Arthur murió sin volver a matar a Sherlock, para fortuna de muchos. Continúa leyendo “Os mataréis en la caída (II)”

España o la política en blanco y negro

España o la política en blanco y negro

El día que me vociferaron que había acudido a un pleno de la Delegación de Estudiantes de la Facultad de Políticas “a jugar a la democracia”, sólo porque intentaba explicar que cumplir las normas ­–en aquel caso, el Reglamento de la propia Delegación, que estaba siendo flagrantemente incumplido sin que a nadie más que a mi le importara– era la única forma de garantizar precisamente eso, la democracia, me di cuenta de que en nuestro país hacer política es luchar contra los elementos. Naturalmente, la reflexión es de mucho tiempo después, probablemente porque el aullido, que vino precedido de un cariñoso epíteto, es de las cosas más bonitas que me han dicho en la Facultad y no lo he olvidado desde entonces –eso, y que mis amigos me lo recuerdan gentilmente a la menor oportunidad, habida cuenta del juego que da la frase en cualquier conversación política­–. Continúa leyendo “España o la política en blanco y negro”