A Antonio Navalón, de un Millennial

A Antonio Navalón, de un Millennial

Publica usted hoy en El País un artículo de los que se queda uno a gusto después de escribirlos. Le imagino reclinándose en su silla tras terminarlo, con un resoplido de alivio tras haber desahogado su frustración con esta generación, la mía, de irresponsables, incívicos, sordos y carentes de futuro. No me cabe duda de que le quita el sueño por las noches el pensar en nuestra grave situación, incapaces de alcanzar los éxitos que su generación, que hoy gobierna, nos deja a nosotros y a la historia. Qué harán estos inútiles, pensará usted, perdidos en Twitter y en Instagram, incapaces de procurarse nada por sí mismos y que, para colmo, votan de vez en cuando y su voto atolondrado vale lo mismo que el mío.

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Carta abierta a Albert Rivera

Carta abierta a Albert Rivera

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Querido Albert,

Hace muchos años –en comparación con los que tengo– escribí por primera vez una carta abierta, copiando la idea que había visto en un periódico. La dirigí “al Congreso de los Diputados”, que por aquel entonces estaba presidido por José Bono. Tuve la suerte de que algún responsable de La Nueva España decidió que merecía la pena, y fue publicada en el periódico a los pocos días. Para mi sorpresa e ilusión –y para asombro, o no tanto, de mi madre–, unos meses después recibí en mi casa una resolución de la Comisión de Peticiones de la Cámara, en la que se me daba cuenta de que, recibida mi «solicitud», dicha Comisión había acordado «trasladar a los Excmos. Sres. Portavoces de los Grupos Parlamentarios» la petición «de que se tomen medidas para solucionar la crisis que atraviesa nuestro país al carecer de líderes políticos.».

Siempre me pareció una forma un poco pobre de resumir todo el sentimiento que yo le había puesto a mi carta, y muchas veces me he preguntado si realmente alguien trasladó a los Excelentísimos Señores mi desesperanzada súplica, o bien sólo esa línea y media entre otras muchas. En mi carta al Congreso de hace siete años escribí a Sus Señorías que «lo que este país necesita, y cada vez con más urgencia, son líderes: líderes que vuelvan a llevar a la política al lugar de privilegio que le corresponde», que «España necesita políticos que dejen de serlo para convertirse en líderes que nos devuelvan la esperanza que hemos perdido» y que «jamás olviden que ustedes son privilegiados por poder asistir al Congreso a representar a los miles, decenas o cientos de miles de personas que cada cuatro años depositan su confianza en un sobre con su papeleta». Ciertamente, no fui muy benevolente con ellos… En esa carta también les confesé que «les habla un estudiante de 16 años que quiere llegar a ser algún día uno de esos 350 privilegiados que pueden votar por el futuro de España». Continúa leyendo “Carta abierta a Albert Rivera”

Cuarenta y cinco (II)

Cuarenta y cinco (II)

La gélida reunión de 20 minutos que mantuvieron ayer los dos condenados a entenderse sólo augura un proceso que ellos se han encargado en campaña de hacer difícil. Este escenario de fragmentación era previsible, y sin embargo PP y PSOE, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez (especialmente Sánchez) volaron concienzudamente todos los puentes que les podían unir. El Presidente en Funciones no pactará con agrado con quien le llamó indecente, y el secretario general del PSOE no puede investir al Presidente que envió el SMS que debió costarle el cargo. Continúa leyendo “Cuarenta y cinco (II)”

El límite de lo soportable

El límite de lo soportable

Esta mañana le pregunté a mi profesor de Political Institutions and Politics in Democracies por qué la Constitución de Noruega no otorga al primer ministro la facultad de disolver el Parlamento y convocar elecciones generales. Noruega posee un sistema multipartidista en el que rara vez se ha producido un Gobierno de mayoría absoluta, y la herramienta de disolución es común a prácticamente todos los sistemas parlamentarios del mundo; es, además, frecuentemente utilizada por primeros ministros de Gobiernos en minoría. De modo que yo no entendía por qué en este país no se contemplaba esa posibilidad. Continúa leyendo “El límite de lo soportable”

Se nos fue de las manos

Era previsible. Y nos pasa mucho, como país. Somos muy de eso: ganamos el mundial de fútbol y «Oa, oa, oa, Iniesta a la Moncloa». Se infecta una enfermera de ébola y dejamos de darnos la mano «no vaya a ser». Cae una tormenta un poco fuerte en junio y alertamos del fin de la civilización… en fin.

Pero lo de este mes ha sido de récord. Lo que ha visto la política española estos últimos 20 días lo supera todo. Libros se estarán escribiendo ya, espero, porque merece la pena ponerse a gastar la tecla para contar lo que ha pasado aquí: en 20 días hemos visto cosas que no se nos habían pasado por la imaginación en 35 años de democracia, ahí es nada. Continúa leyendo “Se nos fue de las manos”