Mentiras, malditas mentiras y estadísticas

Mentiras, malditas mentiras y estadísticas

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La famosa frase, atribuida por Mark Twain al ex primer ministro británico Benjamin Disraeli, clasifica en esos tres tipos las posibles mentiras. Del uso torticero de las estadísticas sabemos bastante en España, donde los periódicos nacionales ­­–por poner un ejemplo de esta mañana– acostumbran a sacar afirmaciones entrecomilladas atribuidas, generalmente, a un alto porcentaje de “españoles”, o de “votantes” de tal o cual partido. Partido que, casualidad, ha podido decir la semana anterior que iba a hacer lo contrario de lo que esa ingente masa de votantes, y el Consejo Editorial de turno, opina. Continúa leyendo “Mentiras, malditas mentiras y estadísticas”

155 razones

155 razones

«La Unión Europea no tiene una policía que tenga que ejecutar las decisiones judiciales. No es necesario. Cuando el Tribunal de Justicia dicta una sentencia, se aplica y punto». Estas palabras de Antonio Tajani el pasado viernes en Oviedo, donde mi tierra entregó orgullosa sus premios Princesa de Asturias, siguen resonando. Las pronunció en español, con mucha contundencia y sin el más mínimo atisbo de duda. El Teatro Campoamor, poco dado a ponerse de pie si no es para el rey Felipe, terminó ovacionando al Presidente del Parlamento Europeo, que representa a quinientos cincuenta millones de personas. Continúa leyendo “155 razones”

Por qué esto nunca debió haber pasado

Por qué esto nunca debió haber pasado

Durante estas últimas 48 horas ha tenido lugar en el Parlamento de Cataluña una tragedia. No es una exageración, y sí una calificación polifacética. Una tragedia en el sentido teatral, pues se escenificó una obra cuyo guion fue escrito hace meses. Y una tragedia en sentido sentimental, valga la redundancia, porque a un demócrata le deberían poner los pelos de punta algunos de los momentos que se vivieron en ese hemiciclo histórico. Continúa leyendo “Por qué esto nunca debió haber pasado”

Hagan lo que quieran, pero no me mientan

Hagan lo que quieran, pero no me mientan

Hace mucho que no escribo, y honestamente tengo que reconocer que es porque no me apetece. Por una serie de motivos que no vienen al caso, últimamente no quiero entrar en el debate político porque, sinceramente, no creo que merezca la pena. Al margen de la proverbial cita de Machado, que cada día es más cierta —«en España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa»—, aportar razones no le importa a casi nadie. Enriquecer —tratar de enriquecer, más bien— el debate no sirve para mucho. Baste con recordar que el señor Presidente dice que no tiene «tiempo para hacer política» porque, atención, está «muy ocupado gobernando», como si hacer política fuera otra cosa muy diferente.  Continúa leyendo “Hagan lo que quieran, pero no me mientan”

A Antonio Navalón, de un Millennial

A Antonio Navalón, de un Millennial

Publica usted hoy en El País un artículo de los que se queda uno a gusto después de escribirlos. Le imagino reclinándose en su silla tras terminarlo, con un resoplido de alivio tras haber desahogado su frustración con esta generación, la mía, de irresponsables, incívicos, sordos y carentes de futuro. No me cabe duda de que le quita el sueño por las noches el pensar en nuestra grave situación, incapaces de alcanzar los éxitos que su generación, que hoy gobierna, nos deja a nosotros y a la historia. Qué harán estos inútiles, pensará usted, perdidos en Twitter y en Instagram, incapaces de procurarse nada por sí mismos y que, para colmo, votan de vez en cuando y su voto atolondrado vale lo mismo que el mío.

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