Aquí va la última entrada firmada por un invitado. Luis Losada Simón-Ricart (@Luis_Lo93), el tercer militante socialista que pasa por aquí –y ya ha estado bien–, es estudiante, o mejor dicho, sufridor del doble grado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, y manda sus letras desde Panamá, donde está de prácticas en la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Además de sufrimiento complutense, ha compartido conmigo muchas, aunque nunca demasiadas, horas de política. No pocas de las entradas de este blog nacieron en nuestras largas charlas. Y no me cabe la más mínima duda, es una de esas personas a las que, dentro de muchos años, podremos agradecer que el nuestro sea un país mejor. Gracias Luis (por todo en general); y a todos los demás, gracias por seguir ahí.

Remando a contracorriente

El socialismo ha muerto. Encontraré a quienes consideren esta afirmación una falacia, o más bien una mentira. Les adelanto que mi interés no es expresar lo que pienso o lo que siento como individuo. Si fuese así, me sería mucho más fácil expresarme en 140 caracteres: todo es más sencillo en las redes. Lo que quería expresar es una idea, una foto en movimiento. Quiero aventurarme a hablar en futuro.

El socialismo como ideología, tanto en su corte marxista como en el corte “liberal”, se apoyó en la lucha de clases, representado por la clase trabajadora, especialmente el obrero industrial. Dejando el Socialismo Marxista a un lado, el socialismo de corte liberal –o socialdemocracia– aceptó el sistema; pero con la condición de corregir sus abusos. Hasta aquí, nada nuevo; sin embargo, la globalización y otros fenómenos del siglo XX hicieron que la socialdemocracia europea tuviese que reinventarse o morir. Optó por la primera: se reinventó, nació la conocida Tercera Vía y ésta trajo consigo una nueva ola de gobiernos socialistas. Pero a pesar del impulso inicial, las sucesivas crisis europeas de este nuevo siglo la señalaron como culpable. Para la izquierda, los socialdemócratas se habían vendido al capital; para la derecha, no sabían gestionar, solo derrochar en épocas de bonanza. As, esta nueva “ideología”, electoralmente ganadora, tan rápido como nació, murió.

Lo que el sábado de madrugada se votó en Ferraz y –aunque en otro sentido– en Reino Unido con el liderazgo de Jeremy Corbyn, es una respuesta a la misma pregunta que hace un siglo: nos renovamos, morimos o seguimos luchando en las fábricas. En cuanto a la última, de poco sirve luchar si en unos años estarán todas cerradas; por lo que creo que la ecuación se reduce a renovarse o morir. El debate no es sencillo, pero nadie dijo que la política lo fuese.

Las ideologías pueden sonar bien, pero si no son transformadoras o ganadoras, son inservibles. Lo que deben buscar es crear máquinas electoralmente ganadoras. Y si no, que le pregunten a Rosa Díez, Alberto Garzón o –en menor medida, al menos de momento– a Albert Rivera: de qué te vale recibir una gran valoración ciudadana si no confían en ti para que dirijas el país. Casualmente, en España aquellos que generan más rechazo son aquellos que tienen futuro: pregunten por Mariano Rajoy.

Con todo esto quería llegar al día de hoy en España y a Pedro Sánchez. Resulta que todos aquellos que recriminaban por la izquierda su escaso carisma y preparación, son los que ahora le alaban y le dan la palmadita twittera o por Facebook: gracias Pedro, lo intentaste, pero oye, yo no te voté. En el otro lado, simplemente han olido sangre y la aprovechan. Si de algo me ha servido la caída de Sánchez ha sido para darme cuenta de que la “izquierda” no le va a votar nunca a él, ni a nadie que se permita el lujo de tomar decisiones. Esa “izquierda” nace, se reproduce y muere con una escala de “valores” que no le permite tomar decisiones, y que al mismo tiempo le otorga la medalla de defensora de los derechos humanos y las libertades, sin apenas mancharse las manos.

El Partido Socialista debe refundarse: son palabras en principio vacías. Pero que representan un claro sentimiento de futuro. El Socialismo ha muerto, como ideología y como producto de ventas, pero ¿quién sabe? Podemos cambió el envoltorio y, vendiendo el mismo caramelo de hace cien años, miren dónde están. Lo que pido es un cambio de actitud, un líder fuerte y competente, reconocer que se ha perdido una batalla, y las que quedarán por perder… pero que aún se puede ganar la “guerra”.

El proyecto de país que defienda el PSOE tiene que construirse desde unos cimientos sólidos, aunando toda la experiencia ganada en nada menos que 137 años, pero con la necesidad de entender un mundo que viene que no se parece en nada al de las minas o fábricas que conoció Pablo Iglesias –el de verdad–.

Hay que reconocerlo: hemos perdido. Incluido yo, a nivel individual. Pero lo sabía cuando llegué. Sabía que entraba con todo en contra, que tocaría remar a contracorriente, que los enemigos estaban fuera y dentro. Pero pensé, y sigo pensando, que hay futuro; que se tiene que construir, sí, pero está ahí. Queda partido, señores. Toca remangarse y salir a jugar.

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