Erasmus, o cómo cambiar una vida – Erasmus, or how to change a life

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Por los cálculos que he hecho, más o menos en el momento en el que se publica esta entrada mi avión estará abandonando el espacio aéreo de Noruega, en dirección al Reino Unido. Este avión cierra un círculo, y es el vuelo de vuelta emparejado con aquel otro –entonces sólo de ida; qué miedo da eso– al que me subí lleno de dudas y con muy pocas certezas el 6 de agosto de 2015. Trescientos doce días después vuelvo a España. La paradoja es que, a su vez, éste vuelo tiene también vuelo de vuelta para regresar al país que me ha cambiado la vida.

«Crisis, en griego, significa proceso, o “cambio”. Y el cambio es acción». Son unas palabras de Álex de la Iglesia que se me quedaron grabadas desde que le escuché pronunciarlas hace ya más de seis años en una gala de los Goya. Es probablemente el único discurso que merece la pena de los muchos que se han dado en esa gala en muchos años. Cuando salí de España aquel mes de agosto, yo estaba definitivamente en crisis. Por muchos motivos que no vienen al caso. Hoy tengo claro que el cambio que emprendí no sólo resolvió una crisis –de hecho, creo que ha resuelto alguna más, y el tiempo me ha dado y me dará la razón– sino que es, sin más, la decisión más importante, y la más acertada, de todas las que he tomado en mi vida. Porque la ha cambiado de arriba abajo.

Nunca antes había sentido un sentimiento de gratitud mayor al abandonar una ciudad. Esta mañana, con la luz que hay en Oslo a las cuatro de la mañana (o sea, mucha luz), miré atrás antes de coger el tren con la sensación de estar dejando algo muy valioso. Y es maravilloso lanzar esa mirada atrás sabiendo que vas a volver. Volver a una ciudad que ya he hecho mía, a una Universidad que me ha enseñado muchísimo, a un país lleno, repleto, de oportunidades.

Lo único que me da pena es que voy a volver sin todos los que han hecho de este año uno de los mejores de mi vida. A esa pequeña (¡¿pequeña?!) familia oslense que ya nunca dejará de serlo, sólo puedo daros las gracias por haberme dejado ser parte de algo muy, muy especial. No voy a dar nombres porque, dado mi Alzheimer presenil en estado avanzado, corro el riesgo de olvidarme de mencionar a alguien. Pero todos los que sois, lo sabéis. Oslo no será lo mismo sin vosotros, hasta que volváis a verme, que es por supuesto lo que vais a hacer.

Porque, ¿qué váis a hacer sin Sognsvann? ¿De dónde váis a encontrar kichen parties como las de Sogn (vale, Fran, la tuya fue buena)? ¿Quién os va a alimentar a base de pesto? ¿Qué será de vosotros sin la adrenalina de ir sin Ruter (ejem, Rocío)? ¿En qué vais a emplear vuestro tiempo si no tenéis lavadoras y secadoras que poner? ¿Contra quién vais a dirigir vuestra ira si no es contra compañeros de piso guarros (Judit, todos sabemos que era la china)? ¿Cómo, por el amor de Dios, cómo vais a volver a hacer la compra sin oír el Haaaaaaaiiiihaihaihai, Neeeiiineinei pose, neeeineineinei viitering, taaaaakktakktakk?

Os vais a aburrir como ostras sin el extranjero outsider (Arrian, we all stand by you) al que, por educación, hay que traducir por fascículos las conversaciones mantenidas en español ininteligible a toda velocidad. Vais a tener un problema cuando intentéis pagar unos chicles con una tarjeta y os miren como si fuerais Victoria Beckham. Por no mencionar el hecho de que algunos… Y algunas… Vais a tardar en acostumbraros a desayunar sin mi. Y sin mis croissants. Especialmente lo segundo.

No nos engañemos. Caminar por una ciudad sin la S de SiO acechándote desde todas las esquinas va a ser un sentimiento de libertad que no merecéis. Por no hablar de caminar por una ciudad en la que ahora todo el mundo entiende lo que dices (en el caso de Ángela no importa; todos sabemos que va a decir las mismas barbaridades y le trae sin cuidado que alguien la entienda). O caminar por una ciudad con bocinas de coches y autobuses. No sé cuándo fue la última vez que oí una bocina.

¡Ay, esos días de estudio intensivo (Clara, Gema, no hay Lesesal en A Coruña o Alicante)! ¡Ay, ese comer salmón como si fuera la última comida de la tierra! ¡Ay, ay, esas caídas tontas en el hielo de enero (soy el único que se ha caído tres veces, ¿no?)! ¡Ay, ay, ay, que decía el muñeco de nieve masacrado a palazos para sacar una foto (Joana, la pastilla)!

Mi problema es que todo eso lo haré sin vosotros el año que viene, y no va a ser fácil. Pero no cambiaría por nada del mundo haber podido compartir esos momentos con todos. Creo que este año hemos hecho algo especial, algo único. Y os estoy infinitamente agradecido a todos por haberme hecho parte de ello. Sobre todo si tenemos en cuenta que los cinco primeros meses fui un extraño (un extraño al que ir a preguntar por cosas de la Universidad) y los cinco últimos fui una mezcla entre asesor político, proveedor de información electoral, padre, marido, productor en masa de tortillas de patata y acompañante oficial en viajes hacia y desde Oslo Lufthavn. Flytoget me ha mandado una carta ofreciéndome acciones en la empresa, por cierto.

Me esoy enrollando, pero las culpas a Norwegian por el retraso de una hora. Sólo quería escribiros esto para daros las gracias; y quería hacerlo aquí, en este blog en el que desde hace ocho años escribo de política y sólo de política, porque creo que este Erasmus es lo más grande que me ha pasado desde que descubrí que existía el debate sobre el estado de la Nación . Gracias, gracias y gracias. Sabéis que tenéis casa en Oslo durante un año; y el resto de los años que nos queden, allá donde yo tenga la mía. Porque aunque esto va a sonar a Mr. Wonderful y corro el riesgo de que los ojos se me queden mirando hacia dentro de tanto ponerlos en blanco, y de arrancarme los dedos a mordiscos después de escribirlo, hoy acabo mi Erasmus, pero es el primer día del resto de mi vida… Y nada me gustaría más que seguir compartiéndola con vosotros.

Gracias por haber estado y, sobre todo, por adelantado, por todas las veces que volváis a estar ahí. Que, seguro, serán las mejores. Porque, siempre, siempre, the best is yet to come. Nos vemos pronto.

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Erasmus, or how to change a life

This was supposed to be online at the moment my plane left the Norwegian air space; however and thanks to a serie of unfortunate events, I had no chance until today. I hope you will forgive the delay.

Last Monday’s plane “closed a circle”, as we speak in Spanish: it was the return flight linked to that one, then just an outbound –that scares a lot– on which I boarded, full of doubts and without almost any certainty, on the 6th of August 2015. Three hundred and twelve days later,  I came back to Spain. The paradox is that this plane has its own return to the country that had changed my life.

“Crisis, in Greek, means ‘process’ or ‘change’; and change is action”. Those are words which remained forever in my mind since I heard them from Alex de la Iglesia in the Goya Awards ceremony, more than six years ago. When I left Spain last August I was, definitely, in a crisis. Because of many reasons which are not worthy to be mentioned now. Nowadays I know that the change I embarked on was not just the solution of a crisis –in fact I’m pretty sure that it was the solution to several crisis, and time will back me–, but the most important decision I ever made in my entire life. Because it changed my life from up to the bottom.

I have never before felt such a feeling of gratitude while leaving a city. On Monday morning, with the light of Oslo at 4 AM –hat is, a lot of light– I looked back before riding the train with the feeling that I was leaving something precious. And it is wonderful to have that look knowing that you are coming back. I will come back to a city which is already mine; to a University which has taught me a lot; to a country full of opportunities.

The only thing that upsets me is that I will go back without almost all who have made this year one of the best in my life. The Oslo Family is something that will last forever and I cannot thank you enough for allow me to be part of something so special. For the rest I’m not going to name all of you because of my early Alzheimer. But all of you know who I am talking about. Oslo will not be the same without you all… Until you come back to visit me, because that is of course what you are going to do.

Because otherwise, what are you going to do without Sognsvann? Where will you find preparties like the ones in Sogn? Who will cook Norwegian hotdogs for you at 4 AM? What will you do without the adrenaline during a Ruter control (ejem, Jens)? What are you going to do with your time if you lack a flatmate to complain about (Auriane, we all know, she was Cruella De Vil)? Which who are you going to watch Harry Potter again? How, for God’s shake, are you go to survive in a grocery store without the eternal Haaaaaaaiiiihaihaihai, Neeeiiineinei pose, neeeineineinei viitering, taaaaakktakktakk?

You all will get bored without the ring of fire, the circle of death and, let me remind you, our PhD in that game: Celebrities is not a challenge anymore (Barack Obama, Oscar Wilde, William Shakespeare, Samuel L. Jackson), except obviously for Tomás (you can always get us surprised). You will have a problem when you try to pay a pack of gums with the Visa and the guy will look at you as if you were Victoria Beckham. Let’s not talk about the other PhD hanging in our living room: the French crepes. You even made a Norwegian to become a Master (Tom, yours were good… But France is France).

Let’s not be foolish: you do not deserve the freedom of walk through a city without the S from SiO watching you from every single corner. Or walk through a city where you can do all sort of comments in your mother tongue and now everybody can understand you. Or walk through a city where there are no cars noise. I don’t remember last time I heard a horn (Naéma, put that in the list of non-existing things).

Those study evenings in Espresso House (c’me on Michelle, let’s admit it, we were posing), those long, long days in the Library. Those salmon-based lunches (and dinners, and breakfasts). Those stupid fallings in the ice of January (okay, I was the only one who fell over, right?). Those long nights in Sognsvann waiting for (non-existing!) Northern Lights, we were close to die. Fabrice, you even managed to wake me up from my bed at 3 in the morning to watch the Red Moon; Andoni, lucky you who escaped the madness of live in the same residence…

My problem is that, if I do de same next year, I will do it without you. And it’s not gonna be easy. But I would never change, for anything in this world, to have shared with you all those moments and all the others which now you have in mind. I think we have built something really special this year, something unique. I cannot thank you enough to all of you for it. I feel so lucky to have been sort of a father, a son, a news provider, a prime minister, an international strategist, a mass producer of Norwegian hotdogs and an official winner of historical arguments.

In summary (this is getting quite longer than expected), I just wanted to write this to thank you. And I wanted to do it here, in a blog on which I have been writing about politics and only about politics for now more than eight years, because I think this Erasmus is the most important thing that happened in my life since I learned the existence of something called the State of The Union. Thanks, thanks, and thanks. You already know that you have a place in Oslo for a year; and wherever I have my place, for the rest of my days. And this is about to sound like Mr. Wonderful, so I have the risk of putting my eyes blank forever, and to pull up my fingers after writing it, but… The day I finished my Erasmus was the first day of the rest of my life… And I will love nothing more than share it with you.

Thanks for have being there, and even more, on advantage, for all the times you will be there again. Because always, always, the best is yet to come. See you soon.

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2 comentarios en “Erasmus, o cómo cambiar una vida – Erasmus, or how to change a life

  1. Casi lloro, has conseguido que viviera contigo este año y he sufrido por no haber tenido esa oportunidad cuando tenía tu edad. Pero me alegro por ti porque has crecido todavía más como persona cosa que parecía imposible. Tienes madera de triunfador y espero ver un poco de tu triunfo. Te quiere
    Tu abuela putativa

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  2. Yo, que soy tu abuela, la madre de tu madre, qué puedo decir.
    Hago mías las palabras de Viky.Pocos jóvenes Erasmus habrán sído capaces de relatar su experiencia, no solo en lo académico. Conocíendote, no me extraña que los lazos de amistad con tantos amigos/as, serán fuertes y duraderos. Si algo hay en tí, además de las muchas capacidades intelectuales, es la calidad humana.España necesita gente como tú.

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