No me cansaré de repetir que la jornada política del 22 de enero, en la que Pablo Iglesias se proclamó Vicepresidente y horas después Mariano Rajoy declinó la propuesta del Rey para formar Gobierno, ambos con la única finalidad de presionar a Pedro Sánchez, fue revolucionara por estratégica en la política española de los últimos diez años. Eso no quiere decir, por supuesto, que hayan sido tan éticamente irreprochables como quieren hacernos creer.

La deslealtad institucional del Presidente en Funciones ya la he glosado, aunque criticar a Rajoy sea el más legítimo de nuestros deportes nacionales y, en mi caso particular, una de mis más devotas aficiones. Sin embargo, la maniobra de Pablo Iglesias, como todas sus maniobras, encerraba algo más.

El líder de Podemos, el partido de la regeneración democrática y las políticas sociales, abandonó aquel día todas las promesas que le han llevado a donde está –muy lejos, sí, pero no más lejos de donde está– para exigir el despacho de Alfonso Guerra, por no mencionar todos los resortes del Estado, algo osado para quien tiene una buena parte de la llave de La Moncloa, pero ni mucho menos la tiene entera. «Pedro Sánchez tiene un Gobierno mañana si él quiere», dijo Iglesias. Fue una falta de respeto, como clamó el PSOE, porque en este país los miembros del Gobierno sirven al placer de su Presidente y nunca nadie ha osado imponerle a un candidato, por muchos votos que le faltaran, el gabinete del que va a ser responsable.

La estrategia de presión hubiera sido eso, una estrategia y una presión, si no fuera porque era una mentira.

La suma de PSOE, Podemos e Izquierda Unida no suma una mayoría absoluta. Es más, suma dos diputados menos que las bancadas del PP y de Ciudadanos juntas: 161 contra 163. Esto se traduce en que, en realidad, Podemos no puede hacer Presidente a Pedro Sánchez por sí mismo, ni siquiera contando con Izquierda Unida. Por eso el ofrecimiento de Pablo Iglesias es una trampa dialéctica que, sumada a su última proclama, a saber, que no aceptará el apoyo de Ciudadanos bajo «ninguna circunstancia», sólo lleva a una conclusión: que es un gran mentiroso porque su única intención es repetir las elecciones.

Podemos sabe que la investidura es imposible si Ciudadanos no la apoya, al menos, con su abstención. Las sumas no salen porque para superar un voto en contra de Rajoy y Rivera (162) la coalición PSOE-Podemos-IU (161) tendría que incluir el sí de ERC (9), Bildu (2), Democracia y Libertad –la antigua CDC/CiU– (8) o al PNV (6), además de la abstención de todos los demás. E Iglesias sabe que eso no va a ocurrir porque la Ejecutiva Federal del PSOE ya ha prohibido por escrito a Pedro Sánchez apoyarse en los nacionalistas para llegar a La Moncloa. Por eso, cuando como una adolescente celosa pone al candidato a Presidente a elegir «o él o yo» con Rivera, sabe que está poniéndole ante un imposible matemático.

A la vista del CIS tanto Podemos como el PP –quién nos iba a decir que estos dos iban a ser los más fieles compañeros de viaje en lo que va de Legislatura– están interesados en la repetición electoral. El primero para cambiar las tornas y ofrecerle al PSOE, como quien da limosna, la Vicepresidencia de un Consejo de Ministros con Iglesias sentado a la cabecera. El segundo porque es la única posibilidad de supervivencia para el Querido Líder.

Nadie en el PP ha exigido a Rajoy explicaciones sobre por qué se pasó 40 días en el Palacio de la Moncloa esperando a que le llegaran los votos de investidura que le faltan, negándole a su propio partido la posibilidad de gobernar que los electores les concedieron en las urnas. Sólo la defenestración de Rajoy de una vez por todas y la abstención del PP en la investidura de Sánchez, mientras el partido se reconstruye de los veinte años de liderazgo norcoreano, desatascaría el problema y relegaría a Podemos a la solitaria Oposición. El gallinero que se ha ganado a pulso por su forma de hacer política, sus faltas de respeto a las instituciones y las normas democráticas y su completa hipocresía en la desenfrenada carrera hacia los despachos, una prioridad que ahora parece infinitamente mayor que aquel plan de emergencia social que duerme el sueño de los justos desde que a Pablo Iglesias se le ocurrió que por qué ser Vicepresidente si puede ocupar el Palacio de la Moncloa tras seis meses de parálisis y unas nuevas elecciones. Una Oposición que, como admitió en privado el propio Rajoy hace años, es un camino en el desierto en el que el partido de los círculos podrá desgastarse, visto lo mucho que codicia tocar poder. Porque el poder, según Michael Corleone, desgasta al que no lo tiene.

Pablo, si a ti no te vale con ser Vicepresidente, me lo quedo yo. Lástima que no tenga esos 69 escaños que tú estás dispuesto a utilizar a cualquier precio para alcanzar aquel cielo que se tomaba «por asalto».

Gracias por seguir ahí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s