Poco tiempo después de su proclamación, el Rey Felipe VI se quejó con amargura ­–por cauces, como siempre, indirectos y discretos– del injusto desprecio al que se sometía a la Corona desde Cataluña, donde Artur Mas se empeñaba en buscar todos y cada uno de los gestos posibles para vilipendiar al Estado y a su máximo representante.

No deja de ser paradójico que haya tenido que ser Mariano Rajoy el que haya sometido al Rey a uno de los mayores desplantes que ha tenido que sufrir. La excelente maniobra, desde el punto de vista estratégico, de la semana pasada al declinar la investidura para forzar a Pedro Sánchez a retratarse esconde un uso instrumental y partidista de la Corona.

El sistema para investir un Presidente del Gobierno no está diseñado para que el Rey tenga que aportar soluciones a una situación de bloqueo como ésta. El artículo 99 de la Constitución le da al monarca la capacidad de elegir al candidato para la investidura, pero no dice que el Rey tenga que encontrar la mejor opción, entendida ésta como la que más posibilidades tiene de salir adelante.

Si no fuera porque los españoles no somos un pueblo menor de edad, parece que tenemos un sistema político que no sabemos usar. La realidad es que, o bien los partidos y sus actuales líderes están siendo tan sumamente irresponsables como para exponer al Rey Felipe a tomar decisiones que no le corresponden, o bien no tienen ni la menor idea de cómo funciona la monarquía parlamentaria.

En todos los países europeos con una monarquía existe la figura de lo que se conoce como formateur: una persona que fruto de sus resultados electorales se encuentra en proceso de formar un Gobierno. Esta persona recibe el encargo de formar su mayoría formal o informalmente; si falla, otro líder pasa a ocupar esa posición. Una vez alguien tiene una mayoría, se presenta ante el Rey o Reina para obtener ese encargo formal y someterse a la confianza de la Cámara –salvo el Reino Unido, pero en ello no entraremos hoy–.

No es al revés. Lo que tienen que hacer los partidos españoles, y ya llevan cuarenta días de retraso, es pactar lo que sea y presentarse ante el monarca para entonces, y sólo entonces, levar a cabo las “consultas” (que no es, en términos constitucionales, nada más que la obligación del monarca de no proponer con libertad a cualquiera, sino a quien tiene una mayoría) y proponer al candidato.

La estrategia que todos han llevado a cabo –­tanto Rajoy con su maniobra como Sánchez con su incomprensible inmovilismo– pasa por cargar al Rey con una exposición política que Don Felipe no puede sino rechazar. Al Rey no le corresponde dar con la combinación acertada, no le corresponde más que arbitrar y moderar el funcionamiento de las instituciones.

Además, la Constitución es imperativa y dice que “tras las elecciones” el Rey “propondrá”, es decir, no “podrá proponer” ni “terminará proponiendo”. El Rey tiene la obligación constitucional de poner en marcha el mecanismo de la investidura, porque para eso está previsto el plazo de dos meses desde la primera votación de investidura.

Al Rey se le va a ver con los deberes hechos, no a decirle obviedades que todos conocemos como “yo no tengo los votos pero me encantaría tener los de éste y los de éste otro”. La irresponsabilidad de los dos líderes políticos ha sido inmensa para con el sistema monárquico, al margen de desleal con la Corona, especialmente por parte del Presidente.

Ahora bien, terminada esta actitud, y con un candidato a la Presidencia ya nombrado, los números no dejan lugar a muchas maniobras. Pedro Sánchez tiene en la mano la formación de un Gobierno con Podemos, Izquierda Unida y los partidos independentistas; no le queda otra que incorporar a estos últimos al acuerdo, porque PSOE y Podemos suman 161 escaños, mientras los votos en contra de PP y Ciudadanos suman 163. Esta opción es tan legítima como cualquier otra y de ella, si alguien quiere encontrar culpables, sólo se puede culpar a Mariano Rajoy, que prefirió esconder de nuevo la cabeza y dejar que otros fueran a pedir la confianza de la Cámara en lugar de tener la entereza política necesaria para formar un Gobierno. Ténganlo claro: si Rajoy no va a ser ya, con casi toda seguridad, Presidente del Gobierno, es por su cobardía y su egoísmo al pensar que él y sólo él, por el hecho de ser él, iba a recibir sin tener que pedirlos los votos para ocupar su escaño azul.

Por otro lado, la gran coalición propuesta por Rajoy con el PSOE y Ciudadanos, a la que Ferraz se niega de momento y que, después de los escándalos de Valencia, parece evidente que requeriría, al menos, otro candidato del Partido Popular que no estuviera tan afectado por la corrupción endémica que padece Génova.

Sin embargo, en contra del discurso tacticista de Pablo Iglesias, existe una tercera opción antes de la convocatoria de una repetición de las elecciones –que no ‘elecciones anticipadas’–, que no es otra que los 130 votos que suman PSOE y Ciudadanos con la abstención del PP en la investidura de Pedro Sánchez. Independientemente del voto en contra de Podemos y el resto de partidos, la investidura saldría adelante en segunda votación y después se podría gobernar con la geometría variable a la que obliga, y todos los sabemos, este Congreso. Ésta me parece, visto lo visto, la mejor opción.

Lo que sí me parece obvio es que a las 20:09 de hoy, cuando Patxi López daba lectura al documento por el que el Rey proponía a Pedro Sánchez como candidato a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy cerraba su carrera política al haber negado a su partido, que es más que él mismo, la posibilidad de gobernar que le concedieron los españoles y que él, y sólo él, ha convertido en imposible. Muy triste sería que dentro de un mes, cuando el candidato a Presidente suba a la Tribuna del Congreso para llevar a cabo el casi sagrado ritual político de solicitar la confianza de la Cámara, Rajoy siga ocupando el cargo de Presidente del Partido Popular.

Gracias por seguir ahí.

Un comentario en “Manual urgente: cómo formar un Gobierno

  1. La verdad es que no entiendo nada. La postura de Rajoy me parece incongruente ni como ni dejo comer. Renunciando él mismo a la Presidencia y teniendo en cuenta que nadie le va a ir a buscar a casa, ya no podrá ser Presidente nunca más, así no entiendo porqué no se va de una vez y deja que el PP se salve de algún modo con otra persona, ya sé que es difícil de encontrar pero haber hayla.
    Un gobierno con Pedro Sánchez de Presidente y la recua de Podemos etc me pone los pelos de punta.

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