La gélida reunión de 20 minutos que mantuvieron ayer los dos condenados a entenderse sólo augura un proceso que ellos se han encargado en campaña de hacer difícil. Este escenario de fragmentación era previsible, y sin embargo PP y PSOE, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez (especialmente Sánchez) volaron concienzudamente todos los puentes que les podían unir. El Presidente en Funciones no pactará con agrado con quien le llamó indecente, y el secretario general del PSOE no puede investir al Presidente que envió el SMS que debió costarle el cargo.

Pero la realidad es que como les pasó a Suárez y Carrillo, a Aznar y a Pujol, a Zapatero y a Carod, ambos están condenados a entenderse. Si acaso, con una diferencia: tanto Rajoy como Sánchez son prescindibles y ellos lo saben. El caso es que PP y PSOE están ahora condenados a pactar, sea con el apoyo de Rivera o sin él, pero lo están.

Porque España no está en condiciones de otorgar poder estatal a Podemos tras el terrible discurso del triunfo que Pablo Iglesias despachó ante el Museo Reina Sofía de Madrid la noche electoral, erigiéndose en líder de una nueva mayoría que no es tal. El discurso de una pretendida regeneración que empezó, ni más ni menos, devolviéndonos a la guerra civil con un familiar fusilado. Al parecer la regeneración de Podemos consiste en volver a utilizar una guerra civil por parte de una generación que ni siquiera ha vivido la dictadura, en un triste intento de emponzoñar con odio nuestro débil sistema democrático. La regeneración de Pablo Iglesias es erigirse en defensor único de unas víctimas cuyas muertes, primero, todos condenamos, y segundo, no son patrimonio único de nadie. Iniciar el discurso triunfalista tras unas elecciones en 2015 con un fusilado de la guerra civil de 1936 demuestra el escaso interés de Podemos por regenerar de verdad la política española.

Podemos no quiere regenerar nada porque vuelve a los viejos trucos de los noventa y dos mil. Cuando Aznar pactó con Pujol en el Majestic se le acusó de vender España al nacionalismo. Sin embargo, cuando Zapatero intentó liquidar la soberanía nacional con una promesa imposible («aprobaré en las Cortes el Estatut que vote el Parlament») nadie en la izquierda le reprochó la subasta de la Constitución a cambio de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado con los votos de ERC. Ahora, Pablo Iglesias ha decidido que su giro regenerador pasa por comprar un discurso que sabe que es falso, el del inexistente derecho a decidir, por el mero hecho de captar votos en Cataluña. La estrategia es hábil. En campaña se silencia el asunto catalán fuera de Cataluña, y dentro de ella se vende la promesa del referéndum escocés. El gran e incomprensible error de Ciudadanos y el gran acierto de Podemos.

Pablo Iglesias y Podemos han pasado de ser una opción democrática más o menos criticable a ser un peligro para nuestro sistema. Además de ensuciar la democracia por la que él no tuvo que luchar con la sangre de la guerra, ha desterrado sus promesas de cambio social (blindar derechos constitucionalmente no los garantiza; alcanzar acuerdos sociales sí lo hace) y de regeneración a cambio de los votos independentistas prometiendo algo que no le pertenece. Y el hombre que nombró ministros y vicepresidentas en campaña (el general Rodríguez se ha quedado fuera del Congreso) como si fuera Presidente in péctore decidió establecer ‘líneas rojas’ desde el planteamiento de que a él, que tiene 40 Diputados y cinco grupos satélites pero independientes, le corresponde exigir y a los demás tomar o dejar.

Qué gran decepción la de Podemos, cuyo mensaje de ilusión esconde, por lo visto, mero ansia de acaparar poder. Las palabras y la actitud del líder que fue nombrado profesor honorífico en una junta de facultad sin votación demuestran que poco le importa su coherencia o sus promesas. Si la regeneración consiste en subir al profesor Monedero al escenario de los ganadores ­(¿le ha nombrado ya, quizás, Secretario de Estado de Universidades?) y la protección de los derechos sociales consiste en blindarlos constitucionalmente a la vez que se pretende pasar por la piedra esa misma Constitución, todo para ocupar al precio que sea el poder que soñaron con asaltar a la primera, entonces Podemos debe quedar en la Oposición.

PP y PSOE están condenados a entenderse por el bien del país. Si Ciudadanos adopta un papel mediador en esa coalición, sea grande o pequeña, con Gobierno conjunto o unipartidista, con Presidenta del Gobierno o sin ella, mejor que mejor. Y si de ésta logramos desterrar la absurda percepción ciudadana de que el que pacta traiciona, habrá merecido la pena. Pero Pedro Sánchez no puede, ni por un segundo, pararse a pensar en ceder ante Podemos para alcanzar el poder. Se trataba de desahuciar a Mariano Rajoy de La Moncloa, pero no podemos pagar cualquier precio. Ya hemos pagado uno muy alto por entregarle un cheque en blanco con fondos ilimitados, no podemos permitirnos pagar otro para recuperar el primero.

Por cierto, no pierdan de vista al Rey. No esperen que esta noche nombre un candidato a la Presidencia del Gobierno porque todos sabemos que será Rajoy quien comparezca el primero ante el Congreso para pedir la confianza de la Cámara, tenga mayoría o no. Pero Felipe VI se puede ganar el trono en los próximos meses como su padre se lo ganó una noche de febrero de 1981 si adopta el rol activo que la Constitución le permite adoptar. Y sobre eso quizá veamos pistas mañana. Eso sí, no busquen la foto de Sánchez y Rajoy al fondo. Don Juan Carlos no ha dejado rastro en el Palacio de la Zarzuela.

Continuará.

Gracias por seguir ahí y muy feliz Nochebuena.

 

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