No hay derecho a tanto dolor

Read this post in English

Ciento veintinueve personas (de momento) han muerto este fin de semana en el corazón de Europa. «La guerra en pleno París», titulaba Le Figaro. Después de que hace catorce años los terroristas eligieran los poderes económico, militar y político de Estados Unidos ­­­–el World Trade Center, el Pentágono y, nunca lo sabremos, el Capitolio o la Casa Blanca­– para estrellar aviones de pasajeros, este viernes hemos visto cómo han atacado el fútbol, los teatros y los restaurantes en la tarde de un viernes. Hace catorce años consiguieron aterrorizarnos atacando al poder. Ahora lo han hecho atacando nuestro estilo de vida. Nuestras formas de entender la felicidad: música, ocio, deporte.

Lo han hecho tiroteando a inocentes, sí, pero también instalando el miedo en los corazones de todos. Miedo, impotencia, rabia. Y sobre todo dolor. Mucho dolor.

Ahora llega el momento de hacerse preguntas. La más difícil es «por qué», y nunca será respondida; pero hay otras. Qué va a ocurrir ahora, cómo vamos a responder a este ataque infame, quién es el siguiente. Cómo hemos llegado hasta aquí, incluso. «Aquí» es estar en un pub de estudiantes en el país más pacífico del mundo y parar la partida de billar para empezar a seguir los titulares frenéticamente.

«Aquí» es comprobar cómo las cifras suben, de dos a cuatro, de diez a veinte, de treinta a cien, en minutos. «Aquí» es leer sin respiración que hay gente tuiteando cómo les disparan. «Aquí» es leer con incredulidad que el Estado Islámico lanza un hashtag amenazando a Londres, Roma y Washington. «Aquí» es sentir un escalofrío al contemplar a un Presidente que acaba de investirse de un poder inmenso dirigiéndose lívido a sus compatriotas en la comparecencia más dura de su vida, probablemente en el día más duro de su vida. Por cierto, no cualquier presidente acude a un teatro para ver cien cuerpos de ciudadanos muertos bajo su responsabilidad.

La noche del viernes hubo en París 129 muertos y 500 millones de heridos. Lo siento, pero no soy lo suficientemente empático como para sentirme herido cuando decenas mueren en Beirut, Kabul o Bagdad cada semana. Pido perdón por mi egoísmo, pero yo en mis circunstancias no podría ser un inocente asesinado en un mercado de Damasco por un kamikaze porque, aunque intente evitarlo, lo que soy es un español en Oslo. Sin embargo, sí podría ser un estudiante Erasmus en París, un turista de cena o un fan en concierto. Como pude ser un madrileño en un tren un jueves a las 7:34. A lo mejor si preguntamos a un iraquí si está consternado por la masacre de París responde con un “meh”, pero no seré yo quien le culpe.

Y por eso me siento herido. Si soy hipócrita por ponerme la bandera de Francia y no la del Líbano, pido perdón. Si soy hipócrita por escribir esta entrada tras el ataque a París y no tras los cientos de miles de personas que han muerto en Siria, Irak, Líbano, Afganistán, Kazajstán o Paquistán, pido perdón. Aunque les recuerdo a quienes me llaman hipócrita –o mejor, manipulado por la prensa– que ellos tampoco claman al cielo cuando 200 ciudadanos son quemados vivos en Nigeria por ser cristianos o tres millones de niños mueren de hambre cada año. Podemos competir por el dolor, pero no creo que sirva de nada.

Me siento herido porque soy uno de ellos. Soy un ciudadano de Europa, una Europa sin fronteras ni muros; una Europa construida con una libertad que nación en París hace más de doscientos años y que nos hizo a todos libres, iguales y hermanos.

Y ahora no pido a mis Gobiernos que actúen; se lo exijo. Hemos visto a lo largo de los años cómo los terroristas despliegan sus tropas en Occidente, y han encontrado el éxito: han muerto miles de inocentes y han instalado el miedo en nuestras calles. Y no sólo en Occidente: cientos de miles han sido asesinados en miles de atentados en esos países que consideramos lejanos.

La Comunidad Internacional tiene un deber, llamado “Responsabilidad de Proteger” –responsibility to protect, R2P en inglés– que fue puesto en marcha por ejemplo en 2011 en Libia para evitar una matanza en Bengazi por las tropas de Gadafi. La responsabilidad de proteger es por supuesto aplicable a Siria y la guerra contra el IS, y no está siendo aplicada por razones geopolíticas. Pero también es aplicable a nosotros. Nosotros –y cuando digo nosotros digo franceses, británicos, españoles– somos civiles y estamos siendo asesinados. Esto es una guerra, una guerra en la que el enemigo lo hace lo mejor que puede para matar a tantos de nosotros como pueda. Nosotros no la empezamos, o quizá sí, pero eso no importa ahora mismo, porque ya estamos dentro. Y no vamos a salir sin luchar. Yo soy el primero en contra de la pérdida de más vidas humanas, pero no hay un camino fácil. Nunca en la Historia la paz se construyó sin sacrificios. No hablo sólo de una sucia invasión y una rápida retirada para dejarlos en el caos y la pobreza, hablo de décadas. Pero tenemos que empezar ahora y no va a ser un camino sin violencia, porque no es posible derrotar sin violencia a aquellos que son capaces de abrir fuego contra el público en un teatro.

No merecemos el dolor que estamos sufriendo, el dolor que todos sufrimos el viernes por la noche. Al igual que los inocentes de Siria o Irak no merecen el que han estado sufriendo durante años. El dolor que hace que miles de ellos huyan y vengan a suplicar por un lugar en Europa. Tenemos el deber de pararlo, y debimos hacerlo antes. Al menos, espero que esta sea la última vez que tenga que decir que je suis parisien.

Gracias por seguir ahí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s