Regreso al futuro

No me culpen; no voy a ser yo el único en no dar la turra con que llegó –y pasó– el día en el que Marty McFly volaría/voló/vuela a través del tiempo con el DeLorean del profesor Brown. Yo no soy tan pretencioso como los personajes de la película de Robert Zemeckis y ayer, en lo que se convirtió el Día Internacional de Jugar con el Tiempo, me conformé con retroceder a una fecha que yo mismo he vivido, nada lejana y que algunos ya pretenden que caiga en el olvido.

Dice el refrán que hay que tener amigos hasta en el infierno, y sin querer ser presuntuoso, yo tengo alguno que otro en según qué avernos. Resulta que uno de los mejores arde entre las llamas reservadas a los 597 intrépidos que osaron financiar, a través de una campaña de crowfunding, la película «B», y ha sido lo suficientemente generoso como para permitirme verla. Es un largometraje que tiene más de documental que de ficción –en realidad de ficción no tiene nada, y ese es el drama– que lleva a la gran pantalla la declaración que el 15 de julio de 2013 Luis Bárcenas realizó en la Audiencia Nacional. El malo más malo de esta Legislatura moribunda es magistralmente interpretado por Pedro Casablanc, mientras que un marchito juez Ruz no está muy logrado.

La película –que se estrenó en septiembre y de la que por cierto sólo hay 16 cintas distribuidas en las salas de toda España, sólo una en Madrid y otra en Barcelona– tal y como se recuerda en los créditos, es simplemente un intento de estilizar y poner orden en la declaración del ex tesorero del PP aquel turbulento verano. Una declaración que fue filtrada y casi retransmitida –la película sugiere sutilmente que por el auxiliar informático, aunque es sabido que también lo hicieron los abogados de las acusaciones– en vivo por Twitter. No es por tanto thriller o conspiranoia.

Lo que dijo Luis Bárcenas en sede judicial, por supuesto, tiene el valor que tiene. En España al acusado se le permite no declarar, mentir, ocultar la verdad o falsearla según considere más conveniente para su defensa. Sin embargo…

«Luis .Lo entiendo .Se fuerte .Mañana
te llamare .Un abrazo .»

El texto, que reproduzco de forma literal, sin acentos y con los puntos en posiciones absurdas, salió del móvil personal del Presidente del Gobierno de España el 19 de enero de 2013, dos días después de que una comisión rogatoria desvelara, y así se publicaba en el acto, que Luis Bárcenas era el titular de dos cuentas en Suiza por valor de quince millones de euros. Más tarde la cifra ascendería a 38 millones.

Nunca sabremos si le llamó o no. Sí sabemos que al día siguiente, el señor Presidente afirmó «no recordar», dada la lejanía del momento, la última vez que había hablado con su tesorero.

«B» no me ha contado nada que no supiera ya. Tampoco lo han hecho las cuatro horas de durísimo debate parlamentario al respecto; un debate que volví a ver ayer, celebrado el 1 de agosto de 2013, sólo dos semanas después de la declaración; dieciséis días después de que El Mundo publicara los SMS. El mismo día que Luis Bárcenas era trasladado de la cárcel a la Audiencia, el titular de ese medio rezaba, a cinco columnas, «Si hablas tu mujer irá a prisión; si callas caerá Gallardón y se anulará el proceso».

«Cometí el error de confiar en un falso inocente, no el delito de encubrir a un presunto culpable». Esa es la cita de esta Legislatura. Si el Presidente recibió 25.000 euros en billetes de quinientos metidos en un sobre con su nombre cuando era Ministro de Administraciones Públicas quedó como algo secundario el día que tecleó en su teléfono «Luis, hacemos lo que podemos». Y lo que no hacen es porque no pueden, supongo. Es un consuelo.

De modo que «B» no me ha desvelado nada, pero sí me ha recordado lo que ha pasado, que nunca llegué al olvidar. De los protagonistas de ese mes de julio poco se puede decir. Bárcenas ha cumplido el límite legal de prisión provisional y espera juicio, Gallardón cayó, Rubalcaba está jubilado, Rosa Díez ha sido condenada a la irrelevancia política, Pedro J. Ramírez trata de pilotar un nuevo periódico tras haber sido expulsado del que fundó por publicar los SMS. Durante varias horas del día de ayer volví a un convulso verano que, de haberlo visitado Marty McFly, le hubiera curado de espantos para afrontar el aún futuro Watergate. Un caso que, antes de que se produjeran implicaciones judiciales, le costó la cabeza al hombre más poderoso del planeta.

No me he olvidado del último personaje de esa historia. Mariano Rajoy es Presidente del Gobierno y se presenta a la reelección.

Gracias por seguir ahí.

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