«Dramatiquísimo» fue la respuesta que me proporcionó @Fundeu cuando el otro día les pregunté por el superlativo de «dramático». Ni el corrector de Word la reconoce, pero ahí está. Dramatiquísimo. A Pedro Piqueras le encantaría conocerla.

El Presidente Rajoy debe de haberla aprendido esta mañana, si somos cándidos inocentes y nos creemos que se ha enterado de los resultados de la encuesta del CIS al mismo tiempo que el resto de los españoles, o, pongamos, que el resto de cuadros de su partido. Su partido, ése que tiene mayoría absoluta en el Congreso, el Senado y diez Comunidades Autónomas y que según la encuesta va a perderlas todas, menos la de Castilla y León. Dé gracias, señor Presidente, a que el CIS no pregunte por el Senado –total, para lo que sirve–, porque ya serían once de una sola vez.

Esta mañana la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, ha pedido a los ministros de su gabinete la dimisión –terminología innovadora de la prensa de hoy; los ha cesado, y punto, porque para eso es la Presidenta– porque en las encuestas el 67% de los chilenos desaprueba su gestión. Aquí no tenemos de eso, índices de aprobación; aunque en Estados Unidos la empresa Gallup lo desarrolla a diario. Imagínese, señor Presidente, que todos los días se desayunara con el miserable dos coma siete que, según el CIS, que pregunta estas cosas una vez al año, los españoles le dan a su Gobierno. O con el patético dos coma nueve que le dan a usted personalmente. Dramatiquísimo, sí. Y eso que Rato seguía siendo el milagro de Aznar cuando nos preguntó el CIS.

Le imagino hoy al teléfono –si es que tiene a bien cogérselo; es probable que no– con los aterrorizados Presidentes autonómicos del PP: «no analicemos tanto», «es que siempre buscando las causas», «la segunda ya tal», ese tipo de no-respuestas que le gustan tanto como las no-decisiones. ¿Qué va a hacer, señor Presidente? ¿Nada? ¿La nada misma? ¿Nada con gaseosa? Hasta yo ya me planteo votar al PSOE de Gabilondo –dónde va a parar– con tal de no meter en mi sobre las siglas de su partido. Sólo Monago en Extremadura o Feijóo en Galicia podrían merecer mi voto; en el resto del país la mayoría de los ciudadanos no quieren ni verlo. Hágaselo mirar.

Mientras a Mariano le come la tostada Esperanza Aguirre –sigue ganando; ver para creer–, a Pablo Iglesias se le acaba la mantequilla para seguir untando. Desde que decidió guardar al incólume Juan Carlos (Monedero, para la prensa) en el nuevo cajón de viejas glorias de Podemos, la cosa se le complica y pierde siete puntos respecto a enero. El programa electoral, de lo que iba a ser, se ha quedado en una especie de menú de McDonalds, pero con ensalada y Coca-Cola Light. Ni impago de la deuda, ni renta básica, ni bolsa de viviendas para uso social… La burbuja de Podemos a nivel nacional se desinfla, aunque no se pinche ni se vaya a pinchar pronto, probablemente porque a la velocidad que va la política española últimamente –excepto Rajoy, ya saben– Podemos ya suena a viejo. Empezando porque ya tiene cajón de viejas glorias.

Ciudadanos es el único partido con algo que celebrar hoy. Parece tener el horno a plena potencia y recoge los votos de PP y PSOE en todas las Comunidades Autónomas, los ayuntamientos importantes y la intención de voto para las generales. Mañana Albert Rivera provocará en Sevilla la primera investidura fallida de la democracia al rechazar a Susana Díaz. La misma situación podría repetirse en junio con Aguirre, que estaría en las mismas que la baronesa socialista siendo la más votada pero con el rechazo de todos los demás. También le puede pasar a Javier Fernández, esa sombra incorpórea y gris que preside el Principado de Asturias y que, también inexplicable, va a ganar unas elecciones contra la nada, constituida por el PP merecedor de la extinción, un candidato mediocre por Ciudadanos, FAC sin FAC, IU (¿?) y UPyD (¿¿??).

En resumen, lo que el CIS pronostica, además del desastre del PP, es una resaca electoral el 25 de mayo como pocas ha habido antes en España. Nuestro país podría pasar de la noche a la mañana de ser un sistema de ‘dos partidos y medio’ –«bipartidismo imperfecto», aunque no se llama así ni es así– a un sistema multipartidista. Eso no es malo, o no tiene por qué serlo; pero la falta absoluta de una cultura de pactos puede llevar a la ingobernabilidad a varias Comunidades, y las elecciones podrían repetirse en septiembre si no hay acuerdos, como parece que sucederá en julio con Andalucía. Con las anticipadas de Cataluña el 27 de septiembre y las generales, a más tardar y por poco que quiera Rajoy, el 22 de noviembre, el panorama podría ser demasiado complejo. ¿Acaso cree Rajoy que no haciendo nada puede evitar ese escenario de total provisionalidad durante tres o cuatro meses?

Por supuesto, la encuesta definitiva será el 24 de mayo, cuando 38 millones de españoles están llamados a las urnas. En cada Comunidad y en cada Ayuntamiento la tostada caerá de un lado; pero siempre cae por el lado de la mantequilla y el suyo, señor Presidente, cada día tiene menos.

Gracias por seguir ahí.

3 comentarios en “Tostadas

  1. Con meridiana lucidez se nos ha explicado a través de este brillante retrato, la actualidad o mas bien panorama político que nos acecha en estos días. Gracias a tí Jaime por seguir ahí.

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