Por qué yo (también) debería votar a Podemos

Como diría Ortega, «yo soy yo y mis circunstancias». Y cada día que pasa me doy cuenta de que casi cualquier otro como yo, en mis circunstancias, debería votar a Podemos. Como, de hecho, está pasando.

Uno mira a su alrededor y lo único que encuentra son explicaciones más que razonables al pelotazo electoral de lo que llevamos de democracia.
Tenemos, por ejemplo, al Presidente protagonizando algunos de los spots electorales más absurdos de la historia audiovisual de España –aún no he decidido cuál es peor, si los debates en torno al cuenco de manzanas o las llamadas a la puerta–. No niego lo difícil de la tarea, porque hoy en día pretender que un vídeo electoral no tenga su inmediata contestación en redes es como aspirar a la perfección, pero como dice el sabio refranero, así se las ponían a Felipe II.

En frente tenemos al Partido Socialista protagonizando uno de los mayores papelones de su Historia reciente. Si los vídeos de Rajoy son, al fin y al cabo, ficción publicitaria –deberían advertirlo, por cierto, como en los anuncios de coches circulando por carreteras paradisíacas–, las escenas que se viven en Ferraz son la versión patria y contemporánea de Juego de Tronos: del sur, en lugar de Oriente, llega la rubia Madre de Dragones para acabar con el rey, que diga, secretario general recién asentado en el Trono de Hierro, al que se le rebela la corte, perdón, la Ejecutiva… Me dirán que no.

A Pedro Sánchez le va a durar el liderazgo lo que le duró a Borell la nominación para la Presidencia del Gobierno por el PSOE –sí, Borell fue candidato socialista a La Moncloa durante trece meses, entre 1998 y 1999; lástima que en ese tiempo no se celebraran ningunas elecciones generales–, lo que es una verdadera pena, ya que puestos a elegir, yo me quedaba con él antes que con Susana Díaz, que por cierto debe de estar necesitada de Letrados, porque «sus» Decretos en el BOJA dan un poco de repelús. Por desgracia, como digo, al doctor en Económicas se lo va a merendar la baronesa de Sevilla después de dejar la Junta de Andalucía bien asegurada, durante cuatro años, gracias a su adelanto electoral. La táctica es sencilla: gano las elecciones ahora, que a Podemos no le ha dado tiempo a prepararse y al PP no le vota ni el empresario de puro y copa, y me puedo marcar un Esperanza Aguirre: me voy nada más empezar la Legislatura en busca de cielos más altos, y mi delfín tiene tres años para ganarse el pan. De toda la vida. El fraude al ciudadano es lo de menos; total, en este país no existe ese concepto…

Con este panorama, claro, es complicado buscarle las bondades al bipartidismo, que las tiene. El problema ha llegado cuando para votar a uno de los dos grandes partidos hay que taparse la nariz, vendarse los ojos y encomendarse al Altísimo rogando de antemano el perdón. Porque si las cosas van bien, todavía puede pasar. Pero con el cabreo generalizado que cunde por España, no cuela.

Por eso digo que yo debería votar a Podemos. Yo, elector ansioso de una política que no se ejerza a través de pantallas de plasma; yo, estudiante cuyo sistema universitario desmantelan impunemente; yo, ciudadano al que preocupan los millones de parados que hipotecan mi futuro; yo, administrado continuamente defraudado por las instituciones a las que me dirijo reclamando mis derechos… Ni siquiera necesito creer en su discurso, ni siquiera tengo que comulgar con sus trasnochados planteamientos ideológicos, ni siquiera me hace falta compartir sus soluciones draconianas, porque lo único que me pide el cuerpo –vaya si me lo pide: cada vez que, temerario, abro un periódico, lo que sucede todos los días desde hace muchos años– es una patada a todo lo que ellos han hecho y lo que representan. Y esa patada, en su versión más contundente, tiene forma de papeleta con la cara de Pablo Iglesias impresa por la tinta de la Junta Electoral.

De modo que no nos sorprendamos: los culpables del ascenso de Podemos son ellos. Nadie como el PP y el PSOE ha coadyuvado más a la causa. Mi problema, claro, es que aunque todo se alinee para que lo haga, yo no puedo votar a Podemos.

Porque, en primer lugar, les conozco. He convivido y convivo con y en su germen, la Facultad de Políticas de la Complutense; y si algo de lo que se les reprocha es no haber tenido nunca responsabilidades de gobierno, lo que debería hacerse es ir allí donde llevan veinte años gobernando el incólume profesor Monedero y sus colegas. No es cierto que sea una facultad abierta, porque para eso debería haber de todo, y no sólo lo que va del PSOE para la izquierda. No es cierto que sea una facultad alternativa, porque eso implica tolerancia al disidente –somos eso, disidentes, y no simplemente diferentes–. No es cierto que sea una facultad plural porque confesarte votante del PP es como salir del armario en Irán. Ellos son la auténtica casta de una Facultad que funciona mejor que otras, pero sólo a pesar de ellos, sólo porque hay personas, cada vez menos, cuya vocación es más fuerte que su hartazgo y siguen intentando hacer de ella un lugar digno.

Porque, en segundo lugar, yo no firmo cheques en blanco con mi futuro por cuantía, como hicieron once millones de personas con Rajoy –el muy inútil ni siquiera ha sabido aprovecharlo–; si quieren cambiar el sistema primero que me digan el qué, cómo y para qué. Porque si se trata de sustituir la casta del PP por la casta de Podemos, mi experiencia me dice que prefiero la del PP. Que sólo me roba.

Y porque, en tercer lugar, yo no creo en rupturas, no creo en patadas en las puertas y no creo en quienes las abanderan como forma de cambiar las cosas. No creo, porque lo sé, que existan soluciones mágicas como las que nos vendió Rajoy. No creo que la política se cambie con soflamas, creo que se cambia con personas. Hace falta cambiar mucho en este país, sino todo, pero yo no creo que la forma de hacerlo sea la que plantea Podemos. Por descontado, y aunque todo me invite a dejar de hacerlo, yo sigo buscando esa forma. Cuando la encuentre prometo avisar.

Gracias por seguir ahí.

11 comentarios en “Por qué yo (también) debería votar a Podemos

  1. No sé que haré cuando llegue el momento. ¿ Qué puede pasar si , me quedo en casa, o meto en un sobre la foto de Harrison Ford ?. Por otro lado te das cuenta de, en qué manos podemos caer..Qué desengaño, qué frustración, Sencillamente no me fío de nadie Son unos mediocres..

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  2. Jaime eres un crash, dices lo que la mayor parte de nosotros pensamos y decimos pero mucho mejor. Estoy contigo en todo. Yo esta vez no lo tengo tan negro porque en Gijón voy a votar a Carmen Moriyón, fíjate en lo que digo a Carmen Moriyón no a Foro. Y a pesar de lo que han hecho los socialistas con nosotros me gusta el nuevo candidato de SOE en Gijón Josechu Pérez, salvando que tiene que decir mentiras sobre la gestión de Carmen ( claro él quiere ganar), escucha a los demás lo que me parece interesante. Tu abuela sustituta

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    1. ¿Nos? ¿Estamos? ¿Manipulación? Y lo mejor de todo, ¿pepero? Estoy cansado de este tipo de respuestas, de comentarios y de acusaciones sin fundamento ninguno; que, por cierto, son vuestra forma de actuar habitual. Es lo que, en general, os va: desacreditar al contrario y seguir adelante, en posesión siempre de la verdad absoluta. Pablo lleva años haciéndolo en la Junta de Facultad y Juan Carlos camina un metro por encima del suelo. Y de hecho, tu comentario es doctrina Monedero, supongo: la mejor defensa es un buen ataque. El problema es que ése no ha sido bueno. Vais a tener que esforzaros más, porque no estáis acostumbrados a que alguien os lleve la contrarias sin amedrentarse. Es lo que tiene estar tanto tiempo jugando en casa.

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  3. Si nos fijamos en ese comentario que tan amablemente Dani ha dejado, vemos un modus operandi cada vez más habitual. O eres de los suyos, o eres de la «casta». No sé cómo gobernarán, pero qué poco respeto veo a las ideas distintas, qué poco respeto veo a la democracia, a fin de cuentas. «Qué poco os queda», dice Dani en su comentario. ¿Es una amenaza?

    Da igual qué argumentos tengas, da igual cómo disientas, da igual que vayas a votar o que seas un completo apolítico: «si no estás conmigo, estás contra mí». Creen ser la salvación y que quien no recoge con ellos desparrama.

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  4. Vaya, entonces introducimos que la casta de la facultad de políticas de la complutense llevó su modelo de facultad a la acampada del 15M y que eso será nuestro país? ¿De verdad te crees que los españoles dejaremos que conviertan nuestro país en una república bananera? (si es que lo llegan a hacer) Están fuera del gobierno antes de que lo hagan, en España hemos superado las niñerías que suceden en la facultad de políticas, esa facultad es una excepción, no la regla.

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    1. Sé bien que Políticas es una excepción a la regla, es más, lo confirmo al ser integrante de dos Facultades y conocedor de muchas otras. De todas formas, respecto a lo de si los españoles dejaremos que conviertan el país en una república bananera y lo de “Están fuera del gobierno antes de que lo hagan”, Rajoy envió un SMS a un delincuente desde el Palacio de la Moncloa, nunca lo ha negado, y lidera las encuestas en intención de voto. No estoy tan seguro de que el pueblo español esté en condiciones de retirar tan rápidamente la confianza una vez la concede… Gracias por el comentario!

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      1. No compares el cerrilismo de los votantes del PP con el inconformismo de los votantes de Podemos, si Podemos gobernando la caga, este país estalla, ahora mismo es una esperanza para muchos, lo que hacen que estén tranquilos e ilusionados, porque se creen que este año cambiarán por fin las cosas.

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