«Questo paese é ingovernabile!»

El líder del PD, Bersani, tras confirmarse la elección de Napolitano

Han sido muchas las escenas inéditas vividas hoy en Italia. La jornada política es digna de un thriller de intriga parlamentaria que, sinceramente, me gustaría haber escrito.

Esta mañana bromeaba en Twitter con el periodista de El País Carlos Cué diciendo que me iba a leer la Constitución italiana para ver lo que preveía en caso de muerte del Presidente de la República. Esto vino a raíz de la noticia de que Pier Luigi Bersani, jefe de los socialistas italianos y ganador de las últimas elecciones, había “suplicado” a Georgio Napolitano, Presidente de la República con 87 años, que fuera candidato a un segundo mandato de otros siete. Impensable.

Pero inmediatamente después, Il Cavaliere e Il Professore (Berlusconi y Monti) se apresuraron a sumarse a la desesperada petición y lo imposible se convirtió en una cuestión de Estado. El pobre Napolitano, con casi dos terceras partes del Parlamento pidiéndole que siguiera poco menos que hasta su final para salvar el país, no pudo negarse y resultaba reelegido Presidente pocas horas después tras los intentos frustrados de Romano Prodi (ex primer ministro socialista) y Franco Marini (una apuesta de pacto con Berlusconi que le ha costado la cabeza a Bensani).

Precisamente Pier Luigi Bersani, el líder del centroizquierda, ha protagonizado la mejor escenificación del fracaso en el que se está convirtiendo Italia: la metáfora de que el ganador de las elecciones generales ha dimitido un mes y medio después de los comicios y antes incluso de celebrarse una sesión de investidura. Su dimisión, anunciada ayer, se hacía efectiva tan pronto como fuera elegido un nuevo Presidente. Y con la proclamación de los 739 votos (de 1.007) que entregaban la Jefatura del Estado de nuevo a Napolitano, Bersani no ha podido contener las lágrimas.

Todo esto ante la estupefacción del Movimiento Cinco Estrellas, de Beppe Grillo. El cómico que se creyó capaz con un 25% de los votos de aniquilar el sistema político con una postura de bloqueo absoluto, presenció cómo los partidos mayoritarios y Monti le desbancaban del poder (el poder de no dejar a nadie ejercer el poder) y furioso no ha dudado en salir de inmediato a la calle para denunciar un “golpe de Estado”. El Movimiento, paradigma de populismo, que se negó siquiera a negociar con el resto de partidos pese a ser una llave parlamentaria, quiso imponer ante el caos político su opción siendo  minoritaria y el tiro le ha salido por la culata. Tras el ‘pacto Napolitano’ se fragua ya un Gobierno de coalición entre Monti, Berlusconi y Bersani (o quien le sustituya, es decir, nadie en un Partido Demócrata fracturado) que de salir adelante aislará a Grillo en las Cámaras.

La estrategia del cómico ha sido pésima. La incoherencia de todo lo que representa (no a la clase política, no al sistema, no a la Unión Europea, no al euro, no a la Iglesia –tan sumamente poderosa en Italia–, no a la Constitución…) pudo, con un discurso populista y demagógico hasta el extremo, llevarse a un electorado indeciso y sobre todo harto. Pero el poder que obtuvo en las urnas (ése del que hablaba antes de no dejar ejercer), que le bastaba para asegurarse presencia en una coalición de gobierno y al menos intentar cambios reales, lo dilapidó sin remedio al forzar a los ‘grandes’ a pactar. Lo único que ha conseguido Beppe Grillo ha sido poner en bandeja de plata a los partidos mayoritarios el eslogan de “hemos tenido sentido de Estado, hemos sido capaces de formar un Gobierno de Salvación Nacional”. Su cerrazón absurda le lleva ahora a ver clara su derrota en un mundo, el de la política, cuyas reglas debes aceptar antes de entrar en el tablero. No ha sido un golpe de Estado, sino una jugada maestra.

El futuro, con todo, se muestra turbio. La dimisión de Bersani evidencia que la política italiana está en fractura total y que nada puede darse por seguro. Por otra parte, la reelección de Napolitano como Presidente (tras las generales era interino) le ha devuelto una herramienta de dudosa utilidad práctica pero con capacidad coactiva; ahora ya puede disolver las Cámaras para convocar nuevas elecciones. Si el pacto entre el centroizquierda, Monti y el centroderecha fracasa, Italia volverá a las urnas en un escenario de crisis total del que España podría tomar buena nota.

Y precisamente un italiano, allá por 1873 tras un efímero reinado, zarpaba hacia una Italia unificada y en paz tras sentenciar: “Questo paese é ingovernabile!”. El rey Amadeo I dejaba España con estas palabras. Si ahora levantara la cabeza…

Gracias por seguir ahí.

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